• Sábado , 22 julio 2017

LAUDATO SI: Por el desarrollo integral de los pueblos.

 

 

El armónico desarrollo de los pueblos, el bien común, el escándalo de las disparidades sociales, temas aglutinados bajo el título de “cuestión social”, han estado siempre presentes en la enseñanza de la Iglesia.

El recordado Pablo VI, entre otros,  ya hablaba en la encíclica Populorum  Progressio de 1967,  sobre los desequilibrios sociales hirientes que se percibían en el mundo: “mientras en algunas regiones una oligarquía goza de una refinada civilización, el resto de la población, pobre y dispersa, está privada de casi todas las posibilidades de iniciativa personal y de responsabilidad… viviendo en condiciones de vida y trabajo indignas de la persona humana” (n. 9).

Últimamente, los documentos pontificios han volcado la atención sobre la problemática ecológica y la devastación de los ambientes,  ligada a modos de crecimiento económico desentendidos de una mínima referencia ética y de los pobres. Entre ellos, la encíclica Laudato si, del Papa Francisco. Ésta, constituye un verdadero grito de la Tierra  y de sus desheredados. En sus páginas,  ha denunciado de manera clara y con hondura conceptual, la iniquidad planetaria, en la que los pobres son las principales víctimas: “el impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte de muchos pobres, en los conflictos generados por falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen suficiente espacio en las agendas del mundo”. El rico contenido del mencionado mensaje papal, ha sido analizado por Leonardo Boff. En este artículo hemos intentado seguir y sintetizar sus comentarios.

Laudato sí  – señala – nos ha esbozado el preclaro pensamiento de Bergoglio. Éste, ha sido tributario de la experiencia pastoral y teológica de las iglesias latinoamericanas testimoniadas en documentos de Medellín (1968), de Puebla (1979), y de Aparecida (2007). Se ha inspirado en San Francisco de Asís “ejemplo por excelencia de cuidado y de una ecología integral, unido a la atención especial por los más pobres y abandonados”. Además,  ha acogido las contribuciones de pensadores de la talla de Pierre Teilhard de Chardin, Romano Guardini, del protestante Paul Ricouer y del musulmán Ali Al – Khawwas.  El gran  teólogo brasileño, ha puesto también de relieve que el Papa Francisco ha abordado el tema de la ecología de un modo integral y ha estructurado su carta, de acuerdo al esquema metodológico usado por nuestras comunidades: ver, juzgar, actuar y celebrar.

En la primera instancia (ver), Francisco ha aludido a la necesidad de integrar la justicia en las discusiones del ambiente, para escuchar “el gemido de la hermana Tierra” unido “al gemido de los abandonados del mundo” y ha denunciado el vicio de la acumulación ilimitada a costa de la injusticia ecológica (degradación de los ecosistemas) y de la injusticia social (empobrecimiento de las poblaciones).

La dimensión del juzgar ha sido dispuesta en dos vertientes, una científica y otra teológica. En la primera ha denunciado a una tecnociencia – degenerada en tecnocracia desentendida de la naturaleza – que ha empañado las virtudes ecológicas,  y se ha ordenado a la acumulación de bienes materiales, y a la dominación de los otros.

En el perfil teológico, el Papa ha aludido al “Evangelio de la Creación”, vinculada ésta al proyecto de amor de Dios (n. 76). En este segmento de su discurso, ha empleado textos que ligan a Cristo encarnado y resucitado con el mundo, haciendo sagrada toda la materia y toda la Tierra (n.83). En esa visión integral de la ecología, Francisco ha insistido que todas las religiones “deben buscar el cuidado de la naturaleza y la defensa de los pobres” (n.201).

En el plano del actuar, ha interpelado a  la educación en el sentido de crear una “ciudadanía ecológica” (n.211) y un nuevo estilo de vida, fundado en una alianza entre la humanidad y el ambiente, dado que ambos están “umbilicalmente” ligados.

En el plano de la celebración,  el Pontífice ha expuesto que “el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza” (n.12). Además ha invitado a las personas a vivir el equilibrio ecológico en la esfera individual, pero también en solidaridad con los otros, con todos los seres de la naturaleza y con Dios (n.210). En el texto – ha afirmado Boff – hay poesía,  alegría en el Espíritu e indestructible esperanza, manifestada en los párrafos finales de Laudato sí: “Que nuestro tiempo se recuerde por despertar a una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida”.

Alejandro Alfaro

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